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Nov 17, 2019
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Hablemos de Epigenética

El término Epigenética siempre me lleva a pensar en un biólogo al que admiro y quien expuso una teoría novedosa sobre las células y su intercomunicación. Se trata del norteamericano Bruce H. Lipton, quien formuló que la vida no está controlada solo por los genes. Este postulado le convirtió en defensor de una “nueva biología”.

Lipton defendió que los genes no se activan o desactivan a su antojo, sino que hay algo en el entorno que influye en ello. A partir de esta premisa, el ADN pierde protagonismo en el control de la existencia y lo retoma la Epigenética, que estudia los mecanismos moleculares mediante los cuales, el entorno influye en las células y dentro del núcleo de éstas, actuando en la actividad génica o no, dependiendo del impacto e intensidad de la experiencia.

Si el entorno es importante, no menos lo son nuestras creencias que van determinando la calidad de nuestras vidas a través de la asociación que forman nuestras células. Si les proporcionamos un ambiente saludable, equilibrado (homeostasis) las células prosperan; si por el contrario el ambiente no es bueno, enferman.

Los genes no portan la espada de Damocles que nos pueda sentenciar. Nuestros hábitos, conductas, creencias, etc., juegan un papel muy importante para que nuestros genes marquen una alteración determinada. Es cierto que algunas patologías llevan gen/genes defectuosos, pero esto puede afectar a un 2% de la población. Sin embargo, aquellas enfermedades que afectan a un gran grupo de población como la diabetes, el cáncer, o las cardiopatías, por ejemplo, no se dan por la alteración de un solo gen, sino por muchos genes unidos a factores medioambientales (polución, alimentación, agua, estrés, sedentarismo, etc.). Por ello hay que distinguir entre el causante de la enfermedad, y lo que está relacionado con ella.

 

Epigenética

 

Muchos cambios en un gen vienen dados por factores externos y no porque suponga una propiedad intrínseca del gen. Son las alteraciones en las cargas electromagnéticas de las proteínas los responsables de los cambios.

Ya está demostrado que células enucleadas (a las que se les ha quitado el núcleo, habitáculo del ADN) siguen viviendo hasta uno y dos meses, y mueren porque no pueden reproducirse, no pueden reponer las proteínas. La conclusión es que el cerebro de la célula no está en el núcleo. El núcleo es simplemente las gónadas, el aparato reproductor.

Un grupo de científicos revolucionó el Proyecto Genoma Humano, acuñando el nombre de Epigenética que literalmente significa “control sobre la genética”, situando las influencias medioambientales (nutrición, estrés, emociones, etc.) como actores que pueden llegar a modificar esos genes y que, además, pueden ser transmitidas a las futuras generaciones. De esta forma, ciertas experiencias vitales de los padres pueden influir en la genética de los hijos.

Solo un cinco por ciento de enfermedades como el cáncer, la diabetes o enfermedades cardiovasculares pueden ser atribuidas, según estudios científicos, a la herencia genética. En 1995, la bióloga Marion Lamb y la filósofa Eva Jablonka escribieron en su libro Epigenetic Inheritance and Evolution: The Lamarckian Dimension: ….“En los últimos años, la biología molecular ha demostrado que el genoma es mucho más sensible y reactivo al entorno de lo que se suponía. También ha demostrado que, además de mediante la secuencia de bases del ADN, la información puede transmitirse a la descendencia de otras formas”…

Vivimos con la creencia que nuestra genética es la que determina y controla nuestro cuerpo, sin embargo “la nueva biología” nos dice que existe un control epigenético que va más allá del que pudiera tener nuestro ADN, y ese control lo determina el entorno y nuestra percepción del mismo. Es decir, que nuestras creencias tienen la capacidad, el control de reprogramar nuestro ADN influyendo en los genes de nuestro patrón primario.

En base a esto, podemos decir entonces que dependiendo de la huella que deja en nosotros el entorno en el que vivimos, la forma de alimentarnos, el cuidado de nuestro cuerpo, e incluso nuestras relaciones personales y sociales, la percepción de toda nuestra realidad y de nuestros pensamientos son decisivos para mantener tanto la salud como la enfermedad de nuestras células. Este mecanismo revela que somos los dueños de nuestro destino.

Andrés Rodríguez Parras (Naturópata)